Para muchas personas con discapacidad, Lollapalooza Chile 2026 no será recordado sólo por sus artistas, sino por un obstáculo inesperado: palmeras que bloquearon la vista desde las tarimas accesibles.
Más que las presentaciones de artistas como Sabrina Carpenter, Los Bunkers, Lorde o Chappell Roan, varias personas asistentes identificaron problemas de accesibilidad que marcaron su experiencia en el festival, que este año regresó al Parque O’Higgins luego de seis años.
Tarimas accesibles con palmeras incluidas
Las tarimas accesibles son una de las principales medidas de inclusión implementadas por los organizadores de Lollapalooza, permitiendo que personas con discapacidad o movilidad reducida puedan acceder a un espacio elevado, delimitado y seguro para ver los espectáculos.
Sin embargo, en esta edición, su ubicación generó dificultades. En los escenarios principales —Cenco Malls y Banco de Chile— las tarimas estaban posicionadas detrás de palmeras, lo que redujo considerablemente la visibilidad. En algunos casos, hasta un tercio del espacio quedaba inutilizable.
A esto se sumó la distancia y el ángulo respecto al escenario, lo que dificultaba seguir los shows en condiciones adecuadas. Según pudo recabar Disversa, las tarimas no estaban originalmente ubicadas en esos puntos y habrían sido movidas horas antes del inicio del evento por razones ajenas a criterios de accesibilidad.
“Hay unos problemillas que siempre ha pasado en los conciertos, que (las tarimas) están muy lejanas y el espacio es muy reducido. La diferencia es que aquí hay un espacio grande, pero aun así sigue al debe, al verse tan lejos también y el problema de las palmeras”, comentó Carla Fromentin, influencer con discapacidad (@carlifro).
Respecto a las palmeras, Carla puntualizó “es complejo, lamentablemente no se ve y es un problema para todos, porque ninguno ve y tenemos que corrernos para un lado para tener mejor vista”.

Camila Herrera, comunicadora audiovisual y colaboradora de Disversa, publicó un video en TikTok sobre su experiencia en Lollapalooza Chile 2026 y sostuvo que “las tarimas estaban muy mal ubicadas. En el escenario Cenco Malls, por ejemplo, la tarima estaba en diagonal respecto al escenario, lo que hacía muy difícil ver el show (…) estaba como diagonal y la tarima miraba para el otro lado. Entonces era absurdo. Teníamos que estar con las sillas de rueda en diagonal y además casi un tercio de la tarima se tapaba con las palmeras”.
“La (tarima) del Banco de Chile era la mejor entre las dos, porque si bien igual tenía una palmera delante, era más en una esquina y no tapaba la visión, porque la tarima estaba más ubicada de frente al escenario, entonces no era tan molesto”, comentó Camila a través de TikTok.

En el caso del escenario Kidzapalooza, la influencer Cata Pozas advirtió una situación similar: “había una rama gigante en la esquina en donde no se podía ver nada y yo pensaba, bueno, yo estaba ahí viendo 31 Minutos, pero en algún momento iban a llegar niños y claramente no iban a poder ver nada”.
Respecto a los demás escenarios, Perry y Alternative contaban con tarimas instaladas por la organización, con una buena ubicación respecto a los escenarios y sin problemas de elementos que obstaculizaran la vista hacia estos. El escenario Lotus, desarrollado al interior la Cúpula del Parque O’Higgins, no contaba con una tarima, pero había un espacio delimitado para personas con discapacidad.
Accesibilidad en tránsito
Más allá de las tarimas, otro de los puntos destacados por las personas con discapacidad asistentes fue la denominada “cadena accesible”, definida en el mapa oficial como un “camino que se recorre sin dificultad”. En la práctica, esta ruta no siempre estaba señalizada ni garantizaba continuidad.
Gabriela Valdebenito es una asistente habitual a Lollapalooza Chile desde el año 2012 y valoró el regreso al Parque O’Higgins por su accesibilidad general, pero advirtió problemas en la circulación: “Faltaba conectividad, se cortaba y no había indicaciones claras para saber por dónde seguir. Es poco amigable para las personas con discapacidad”.
Además, Gabriela consideró que faltaba información en terreno no habían indicaciones claras sobre el inicio y final de las rutas accesibles y cómo continuaba la cadena accesible. Este hecho generó desorientación tanto en personas con discapacidad como en sus acompañantes, evidenciando una brecha entre lo planificado y la experiencia real.

Pausa Sensorial: una medida que se destaca
Un espacio que continuó en esta edición del festival y fue bien evaluado por las personas neurodivergentes asistentes fue la pausa sensorial, ubicado entre los escenarios principales.
Juno Gaines, persona autista, compartió su experiencia tras utilizar este espacio: “Realmente me sirvió mucho pasar por este lugar. Para uno, como persona que tiene sus dificultades, es difícil poder pedir ayuda. Entonces, que ese lugar estuviera designado para eso, me facilitó mucho las cosas y además evitó que mi desregulación avanzara aún más”.
Cabe destacar que este espacio contaba con una sala con menor estimulación, iluminación tenue, elementos sensoriales y protectores auditivos, permitiendo regular la sobrecarga propia de los eventos masivos.
Accesibilidad en eventos masivos: una experiencia integral
Lo ocurrido en Lollapalooza Chile 2026 evidencia que la accesibilidad en eventos masivos no depende únicamente de la existencia de medidas, sino de su correcta implementación.
La ubicación de una tarima, la continuidad de una ruta o la señalización en terreno pueden marcar la diferencia entre participar plenamente o enfrentar barreras.
En este contexto, la accesibilidad no es sólo una mejora deseable, sino una condición necesaria para garantizar el derecho a la participación en espacios culturales de las personas con discapacidad.
Pensando en 2027: recomendaciones desde la experiencia
Con la venta de entradas para la próxima edición ya en curso, las personas asistentes también plantean mejoras concretas sobre las medidas de accesibilidad.
Desde la experiencia neurodivergente, Juno propone incorporar sistemas de comunicación alternativa y aumentativa. “Cuando estamos con sobrecargas sensoriales, saturadas, en desregulación o en crisis, no tendemos a comunicar de forma oral o lograr verbalizar las necesidades”.
En tanto, Cata Pozas pone el foco en los baños químicos, particularmente con la luz en su interior y el acceso al agua. Si bien reconoce que estos son problemas que viven todas las personas, porque este tipo de baños son estándar, cree que también se debe “reflexionar” sobre esto.
“Una persona con discapacidad tiene con movilidad reducida, ya de por sí se le haría muy difícil poder alumbrar con una linterna del celular mientras tiene que hacer todo lo otro que uno hace en el baño”, comenta, por esto recomienda incorporar un sistema de luces al interior del baño dispuesto junto a las tarimas y los demás baños químicos accesibles.
En relación con el agua y que se active apretando un botón con el pie, Cata se cuestiona “¿Cómo eso es accesibilidad para nosotros las personas que estamos en silla de ruedas? Ni siquiera por mí, que yo no tengo directamente el pie. Las personas usuarias de ruedas normalmente no tienen movilidad en las pierna”, por eso cree necesario generar un sistema con accesibilidad universal.
Por su parte, Camila Herrera cree que en esta edición en el Parque O’Higgins “claramente hay cosas que retrocedieron”, pero considera que este recinto es “más cómodo para moverse que el Parque Cerrillos”.
“Esperemos que el próximo año sea mucho mejor, teniendo en cuenta que ya va a ser el segundo año en el parque O’Higgins de nuevo, que haya más medidas de accesibilidad, que las tarimas estén más cerca, tal vez puestas no en el pasto, sino que en el cemento quedaría mucho mejor. Así que esperemos que el otro año podamos ver, al menos, sin palmera adelante ni nada de eso y con los escenarios un poco más cerca”, concluyó Camila.

Imágenes: Disversa.






