Relatos de discriminación en recintos, como el Movistar Arena, problemas con las ubicaciones y cuestionamientos a las políticas de venta de ticketeras son problemas reiterados que enfrentan las personas con discapacidad al momento de ir a un concierto, pero ya llegó el momento de decir basta.
Asistir a conciertos siempre ha sido una de mis mayores aficiones en la vida. Desde pequeña quería vivir la experiencia de ver a mis artistas preferidos y corear sus canciones junto a miles de personas, sin embargo ser una adolescente con discapacidad de región, o sea, sin conciertos de gran nivel, hacía que esto fuera una tarea imposible.
Con el tiempo, mi vida evolucionó, me mudé a Santiago y mis amigas y amigos no tuvieron temores de acompañarme a conciertos. Pero junto con cumplir este sueño, me fui encontrando con problemas, prejuicios y discriminaciones que no sabía que existían y que, lamentablemente, aún persisten.
La experiencia de asistir a un concierto en Chile es una carrera de obstáculos para las personas con discapacidad. Si bien se ha avanzado bastante y se considera el tema, la forma en que las empresas vinculadas a su realización abordan la inclusión es muy dispar y frecuentemente se repiten fallas sistemáticas, que son visibilizadas por distintas personas por redes sociales.
Hace sólo unas semanas se denunciaron fallas sistémicas, que van desde la poca visibilidad en las tarimas hasta la obligación de pagar por entradas de acompañantes no requeridos. La diferencia de esta vez con las anteriores denuncias es que esta vez el problema, que la comunidad califica como histórico, ha escalado hasta la Cámara de Diputadas y Diputados para exigir cambios legales urgentes.
Relatos de una exclusión que persiste en el tiempo
Las barreras no son nuevas. En 2009, denuncié una discriminación por parte de una funcionaria del Movistar Arena a través del medio La Tercera. En esa oportunidad, llamé a la productora, la ticketera y al recinto para averiguar sobre medidas de accesibilidad para el concierto de Oasis.
La primera no me respondió, la segunda dijo que no era su tema y en la tercera empresa atendieron mi llamado, expliqué mi condición (osteogénesis imperfecta) y una funcionaria me dijo: «con esa enfermedad es mejor que no asista a eventos como este». En ese momento, me sentí pasada a llevar y mirada en menos porque me negaron un espacio seguro pese a estar dispuesta a pagar su servicio. Si bien este tema se solucionó, tras la publicación de la denuncia en un medio de comunicación, los problemas han continuado y no sólo conmigo, sino que con muchas otras personas con discapacidad.

Recientemente, la comunicadora audiovisual y colaboradora de Disversa Camila Herrera viralizó una denuncia tras el concierto de Rosalía en el mismo recinto. Según su relato, las tarimas actuales son insuficientes: «hace 10 años quizás asistían muy pocas personas con discapacidad… hoy eso cambió… pero la plataforma sigue siendo prácticamente la misma».. Herrera enfatizó que el espacio «ya no responde a la realidad que vivimos hoy».
En particular, Camila se refiere a la tarima del Movistar Arena, que según pudimos corroborar dispone de un espacio para sólo 16 personas y sólo pone a la venta 8 asientos, porque obliga a comprar dos tickets -uno para la persona con discapacidad y otro para su acompañante-. Estas 8 ubicaciones equivalen al 0,05% del total de la capacidad del recinto a máxima capacidad, es decir, para 16 mil personas.
En ese mismo contexto, en paralelo se dio a conocer el caso de Paz Serra Nieto, conocida en Instagram como @AlaskaInfinita, una persona con discapacidad usuaria de silla de ruedas. Ella junto a su amiga Florencia compraron tickets para el show de Rosalía en la ubicación Zafiro, es decir, en platea baja, diferente a la de personas con discapacidad, y por este motivo le impidieron el acceso al evento. La justificación que le dieron fue que las personas con discapacidad usuarias de silla de ruedas sólo pueden comprar para el sector de la tarima y que además no era posible reubicarla.
Este caso tuvo una alta connotación pública y llegó hasta el diputado Gustavo Gatica, quien calificó el hecho como “una vulneración a los derechos del consumidor”.
Según un oficio que envió al Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis), “conforme a la Ley N°19.496, que establece normas sobre protección de los derechos de los consumidores, toda persona que adquiere una entrada para un espectáculo tiene derecho a recibir el servicio contratado en condiciones idóneas, sin discriminación arbitraria por motivo de discapacidad”.
El «peloteo» de responsabilidades entre empresas
La estructura de producción de eventos genera una zona gris de atribuciones, que ha persistido por años. Cuando surgen problemas, las personas con discapacidad buscan soluciones, pero se encuentran que entre las mismas empresas involucradas en el proceso, se pasan la responsabilidad y ninguna toma de decisiones ni acciones concretas para que estos problemas se acaben de raíz.
Desde PuntoTicket, señalan que son un medio de comercialización y que las «condicionantes» y «configuraciones de los eventos» vienen directamente de la información que pide el productor. «La productora es la que alquila o la que define el medio en el cual va a hacer su evento», explicó Jorge Cancino, jefe de operaciones de eventos de PuntoTicket.
Además, recalcó que ellos no son responsables de las condiciones, sólo venden los tickets y en el día y lugar del evento, se encargan de validarlos a la entrada.
“Si un validador tiene un problema, va a acudir al supervisor (de validadores) y si hay algo que este no sepa, obviamente lo va a ir escalando a la persona que esté encargada del evento por parte de PuntoTicket. Y si la persona que está encargada del evento no sabe cómo resolver un problema, va a contactar a la gente de la productora y así es el tema”, recalca Cancino.
Por su parte, desde DG Medios explican que sus protocolos deben adaptarse constantemente a las limitaciones de infraestructura de recintos antiguos, diferenciando entre aquellos espacios que ya cuentan con plataformas propias y los estadios donde ellos mismos diseñan las zonas de seguridad.
En el caso del Movistar Arena, DG Medios comenta: “nosotros nos tenemos que adecuar al recinto… Nosotros arrendamos sus dependencias y nos tenemos que adecuar al espacio que ellos nos están entregando”.
“Todos los venius (recintos) que hay en Santiago, la mayoría, son muy antiguos, nunca fueron hechos pensados con accesibilidad universal”, argumentan desde DG Medios.
Además, Camila Herrera mencionó que las productoras le han indicado que «muchas de las decisiones respecto a la plataforma dependen de la autorización del Movistar Arena», en este caso en particular.
Esta falta de coordinación afecta directamente la visibilidad. Tanto Camila como yo hemos vivido esto personalmente, porque en conciertos de «cancha de pie», se instala la tarima al costado izquierdo de la cancha, detrás de la puerta de acceso al público y por su baja altura, las barreras de la propia plataforma bloquean la visión.

Mientras que cuando en cancha se venden sólo con asientos numerados, el problema persiste y se pone peor. A las personas con discapacidad que compran para el sector mal llamado “silla de ruedas”, las ubican al costado de las primeras filas, por tanto «tampoco alcanzamos a ver bien, porque las personas se ponen de pie y bloquean nuestra visión», sostiene Camila.
Desde Diversas nos comunicamos con Movistar Arena y enviamos una serie de preguntas, pero hasta la hora de cierre de este reportaje no hemos recibido ningún tipo de respuesta.


Venta atada y autonomía personal bajo cuestionamiento
Otro punto crítico en esta cadena es la política de venta de entradas. Actualmente, las dos ticketeras más grandes del país son PuntoTicket y Ticketmaster y si bien existen otras empresas en el rubro, venden entradas para recintos con aforos más reducidos, donde sólo algunos cuentan con medidas de accesibilidad. Tanto PuntoTicket y Ticketmaster están asociadas a recintos masivos en grandes recintos, como Estadio Nacional, Movistar Arena, Claro Arena, Estadio Monumental, etc., y que sí cuentan con sectores accesibles.
De estas dos ticketeras, PuntoTicket se destaca porque obliga a comprar dos entradas en el sector para personas con discapacidad, es decir, no se puede comprar una entrada independiente, obligando a la persona a tener que ir acompañada. Desde la perspectiva del jefe de operaciones de eventos de la empresa, esto es por prevención de riesgos.
“Una persona que está en condición de silla de rueda tiene que tener una persona que la pueda apoyar en caso de una eventual emergencia, una persona que se haga responsable en caso que haya que evacuar. Básicamente eso es por un tema de seguridad”, sostiene Cancino.
Esta perspectiva de seguridad contraviene los principios de autonomía, autodeterminación y vida independiente consagrados por la Ley Nº20.422 y la Convención sobre Derechos de las Personas con Discapacidad, que buscan la sociedad brinde los ajustes necesarios para que una persona con discapacidad participe en su comunidad en igualdad de condiciones, lo que implica que la prevención de riesgos y toda la operación que conlleva realizar un concierto es responsabilidad en las empresas implicadas y no en las personas asistentes, especialmente las personas con discapacidad.
Asimismo, la venta de 2 entradas por obligación configura una venta atada, lo cual es una práctica prohibida en el país. Ante esta situación, el diputado Gustavo Gatica denunció que en PuntoTicket la compra de ubicaciones accesibles «anida de manera automática una segunda entrada, correspondiente a un acompañante, la que el usuario está obligado a adquirir». Esta práctica ocurre incluso si la persona con discapacidad asiste de forma autónoma, o sea, sin acompañante.
Esta modalidad difiere de competidores como Ticketmaster, donde las personas con discapacidad se preinscriben y así tienen acceso sólo ellas a comprar en el sector accesible, pudiendo optar por una entrada o por dos, cuando asiste con un acompañante. Esta inscripción se realiza en cualquier momento previo a la compra de entradas y dura 5 años.
Para el parlamentario, la imposición de PuntoTicket vulnera el derecho a la libre elección y la prohibición de condicionar la adquisición de un servicio a otro no requerido.
Además, se han reportado problemas en el control de acceso cuando dos personas con discapacidad asisten juntas. En algunos casos, «no se reconoce a esta última como ‘acompañante’ válido» -sostiene el diputado Gatica en el oficio enviado al Servicio Nacional del Consumidor (Sernac)-, lo que evidencia una falta de criterios claros en la validación de tickets y una posible discriminación arbitraria hacia los asistentes.
Acciones legislativas y búsqueda de soluciones
Ante la repetición de estos incidentes, el diputado Gatica presentó tres oficios dirigidos dos a Sernac y uno a Senadis. El parlamentario busca que se informe sobre los protocolos de accesibilidad universal y se fiscalice si la venta obligatoria de entradas adicionales constituye una infracción a la Ley N°19.496.
Gatica señaló que su objetivo es «presentar proyectos de ley en el futuro que puedan dejar más claras las reglas«. El parlamentario también anunció el impulso de una mesa de trabajo que incluya a personas con discapacidad, organizaciones, ministerios y organismos fiscalizadores para converger en soluciones definitivas.
Así mismo, el jueves 13 de agosto, el parlamentario tuvo una reunión junto a Paz Serra Nieto, a la cual Disversa pudo asistir y donde ratificó su plan de acción para dar continuidad al tema y no dejarlo como un reclamo más en redes sociales.
La accesibilidad en eventos masivos ha dejado de ser vista como un favor para entenderse como un derecho. Si bien hay un avance significativo desde aquel reclamo que hice en 2009 hasta la fecha y existen buenas prácticas desarrolladas por productoras, recintos y ticketeras, aún falta mucho y es necesario visibilizar los problemas que persisten y los nuevos requerimientos para las necesidades actuales de las personas con discapacidad.
Tal como concluyó Camila Herrera en su llamado a la acción: «la accesibilidad no es solamente construir una rampa, también es poder disfrutar de un concierto en igualdad de condiciones».





