Tres mujeres con discapacidad relatan las dificultades que enfrentan para ejercer la maternidad, desde la falta de accesibilidad hasta prejuicios sociales que cuestionan sus capacidades de cuidado.
Ser mamá se aprende sobre la base de experiencias y ninguna mujer o persona gestante nace sabiendo cómo serlo. Para las mujeres con discapacidad, esta realidad es la misma, pero el proceso suele estar marcado por barreras de accesibilidad, falta de apoyos y prejuicios sociales que complejizan la crianza y el acceso a derechos básicos.
En el marco del Día de la Madre, Disversa conversó con Carolina Mujica, Priscilla Álvarez y María Paola Silva, quienes compartieron sus experiencias como madres con discapacidad y las dificultades que enfrentan en diversos ámbitos de la vida cotidiana.
Barreras de accesibilidad en la maternidad
La falta de accesibilidad aparece como una dificultad transversal, como detallan Carolina y Priscilla, especialmente en espacios médicos, educativos y urbanos. Esto las obligó a depender de tecnologías costosas o de apoyos familiares constantes.
Carolina Mujica, mujer sorda, relata que durante los primeros meses de vida de su hija, María Antonieta, enfrentó dificultades para monitorearla. “Cuando mi hija lloraba en sus primeros meses de vida, tenía que dormir con nosotros y luego tuve que conseguirme una equipo que prendía las luces cuando lloraba, era carísimo y no estaba en Chile”.
Además, explica que las barreras comunicacionales afectaron su acceso a controles médicos y espacios escolares. “Cuando tenía que ir a control médico, no entendía, tenía que ir con mi mamá o pedir ayuda. A veces, no tenía quién me acompañara al médico, al pediatra o al ginecólogo, que es un tema bastante personal”, comenta.
“También el colegio, las reuniones de apoderado eran imposibles. Siempre estábamos marginados o nos informaban al final de la reunión. Tenía que toda pedir que la profesora jefe nos enviara un resumen de la reunión”, detalla Carolina
Por su parte, Priscilla Álvarez, usuaria de silla de ruedas eléctrica, señala que la infraestructura urbana limita las actividades cotidianas junto a su hijo. “La ciudad es un reto constante. No hay rampas en consultorios ni juegos a los que pueda entrar con mi hijo. Quiero correr detrás de él, pero el maicillo me deja pegada”.
Prejuicios que cuestionan la maternidad
Junto con las barreras físicas y comunicacionales, Priscilla y Carolina destacan el peso emocional del aislamiento comunicativo y el impacto de los prejuicios sociales que cuestionan su capacidad para cuidar y criar a sus hijas e hijos.
“Me preguntan quién me ayuda con él, como si yo no pudiera. Yo soy su mamá. Le ayudo con sus tareas escolares, lo llevo al colegio y lo abrazo. La silla de ruedas no significa que él no esté cuidado”, relata Priscilla sobre el cuidado de su hijo Darío.
Además, agrega que las limitaciones económicas dificultan implementar apoyos o adaptaciones. “La pensión no alcanza para adaptaciones y las jefaturas laborales no entienden que demoro el doble en trasladarme”.
Carolina también recuerda haber enfrentado cuestionamientos por ser una madre sorda. “Me cuestionaban, cómo me las arreglaba cuidando a mi hija cuando yo la sacaba a pasear o hacía otras actividades. La gente pensaba que yo no era capaz”, sostiene.
Maternidad, discapacidad y desafíos personales
María Paola Silva, persona con osteogénesis imperfecta, comenta que durante su embarazo enfrentó temores relacionados con la posibilidad de que su hijo Cris tuviera la misma condición de salud.
Comentó haber sentido “miedo y culpa” durante el embarazo, aunque luego se tranquilizó al conocer que su hijo no tenía osteogénesis imperfecta. “Fue un buen embarazo, a pesar del porte de mi ‘guatita’, ya que venía sanito”.
Con el paso de los años, explica que la relación con su hijo también se transformó en una red de apoyo mutuo.
“Cuando fue creciendo, cada vez era más fácil para mí, él era mi ayuda. Hasta el día de hoy, con sus 26 años es el mejor hijo y apoyo que tengo actualmente. Es mi bendición de haber podido ser madre”, comenta.
Más de 1,2 millones de personas con discapacidad viven con hijos en Chile
De acuerdo con datos del Núcleo Milenio Disca, elaborados a partir de la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (Endide), el 47,8% de las personas con discapacidad en Chile es madre o padre y convive con sus hijas e hijos.
Según las cifras, se estima que 1.291.936 personas adultas con discapacidad viven con sus hijas o hijos. De ese total, 68,5% corresponde a mujeres y el 31,5% a hombres.
Sin embargo, ni la Endide ni el Tercer Estudio Nacional de Discapacidad (Endisc), desarrollados por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, incorporan preguntas específicas que permitan conocer con precisión cuántas madres y padres con discapacidad existen actualmente en el país.
“La discapacidad no me hace menos mamá”
Las entrevistadas coinciden en que las principales dificultades no están dadas por la discapacidad en sí misma, sino por la falta de accesibilidad, apoyos e inclusión en distintos espacios de la sociedad.
«Los retos van cambiando en el transcurso de la edad, porque mientras más pequeños son los hijos e hijas, mayores son las dificultades que tienen las madres frente a las barreras comunicacionales”, comenta Carolina. “Mi hija ya creció, se puede comunicar por sí sola y las cosas se facilitaron”.
Las madres también plantean la necesidad de avanzar hacia entornos más accesibles y libres de prejuicios, para que otras mujeres con discapacidad puedan ejercer la maternidad en igualdad de condiciones.
“No quiero flores. Quiero veredas parejas y que dejen de tratarnos como madres de segunda. La discapacidad no me hace menos mamá. La falta de acceso sí nos complica la vida”, concluye Priscilla.
Crédito de imágenes: Cedidas por entrevistadas. Collage realizado con Canva.






